Archive for cosas raras

niño de 4 años tocando la bateria

es increible la manera q tiene este niño tan pequeño de tocar la bateria…

carta de un abuelo a su familia !!!

El dia que este viejo ya no sea el mismo, ten paciencia y comprendeme.
Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme los zapatos,
recuerda las horas que pase enseñandote a hacerlo.
Si cuando converses conmigo repito y repito la misma historia que tu conoces de sobra como termina,
no me interrumpas y escuchame. cuando eras pequeña, para que te durmieras,
tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas tus ojitos.
Cuando estemos reunidos y sin querer me haga mis necesidades no te averguences y comprendeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas.
Piensa cuantas veces te ayude de niña y estuve pacientemente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo.
No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello.
Recuerda los momentos que te perseguia y los mil pretextos que inventaba para hacerte mas agradable tu aseo.
Aceptame y perdoname ya que el niño ahora soy yo.
Cuando me veas inutil e ignorante frente a los aparatos tecnologicos que ya no podre entender,
te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona.
Acuerdate que fui yo quien te enseño tantas cosas. Comer, vestirte y la educacion para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son producto de mi perseverancia por ti.
Cuando en algun tiempo mientras conversamos me llegue a olvidar del tema del que estamos hablando,
dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde y si no puedo hacerlo no te burles de mi.
Talvez no era importante lo que hablaba pero a mi me bastaba con que solo me escucharas ese momento.

Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Se cuanto puedo hacer y cuanto no debo hacer.
Tambien comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder ni gusto para sentir.
Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar dame una mano tierna para apoyarme,
como lo hice yo cuando comenzastes a caminar con tus debiles piernecitas.
Por ultimo, cuando algun dia me oigas decir que ya no quiero vivir y solo desearia morir, no te enfades.
Algun dia entenderas que esto no tiene que ver con tu cariño ni con cuanto te amo.
Trata de comprender que ya no vivo sino que sobrevivo y eso no es vivir.
Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.
Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar estare construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.
No te sientas triste o impotente por verme como me ves.
Dame tu corazon comprendeme y apoyame como yo lo hice, cuando empezastes a vivir.
De la misma manera que te he acompañado en tu sendero te ruego me acompañes a terminar el mio.
Dame amor y paciencia que yo te devolvere gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.

relato de un chico de batx a un maltratador /no al maltrato!!!/

Para ti, cabrón:
Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado.

¿Por qué la maltratas?
Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré:
Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día.

Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!-dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.
Me puse contento antes de tiempo.
Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…
Y sucedió.
Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.
Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá.
Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí.
Esta carta es para tí, cabrón:

por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo.
También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.
Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino.
Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá.
Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil.
Una alimaña. Un cabrón.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.